El libro que hoy nos presenta Jorge Ferrer es muy rico no solamente en la espiritualidad que le caracteriza, sino también en los diferentes momentos que a través del año litúrgico vivimos y celebramos en la Iglesia.

Reflexiones que incluyen momentos de la vida diaria mezclados de manera intempestiva pero muy asertiva con los diferentes momentos de la liturgia y la religiosidad que nos acompañan en nuestra vida de laicos.

El estilo literario de Jorge que nos cautivó desde su primera obra ¿Platicamos…? nos continúa moviendo y conmoviendo por esa forma tan personal y profunda pero con ese toque de ingenuidad laical con que nos lleva desde su corazón de hijo hasta el corazón del Cristo vivo que tanto ama y del que quiere hacernos partícipes.

Las meditaciones aquí reunidas son fruto de la recopilación de publicaciones previas del autor principalmente en el periódico Sagrada Familia en donde ha marcado una línea de trabajo que ha llamado la atención de propios y extraños, ya reunidas en un mismo libro adquieren el valor agregado de la continuidad de pensamiento y acción; del testimonio de vida que invita al seguimiento de Jesús.

Vayamos pues a su encuentro para que juntos, en lo que pareciera ser su personal bandera y llamado, nos pongamos de pié e iniciemos el camino de regreso a la casa del Padre...

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Entre las primeras alegrías que experimentamos en nuestro caminar humano está el logro de escribir nuestro nombre. Aplausos y abrazos de los papás e invitados en casa. ¡Qué emoción el expresar en un papel un deseo, un sueño! Pero en la vida no hay muchos logros. Los triunfos son menos que las frustraciones, los no logros. Una gran dificultad la tenemos en expresar de palabra o por escrito nuestro pensamiento. A un gran escritor, Anthoine Saint Exupery le sucedió que por medio de un dibujo gritó al mundo su idea, pero le malen-tendieron; quiso dibujar un elefante dentro de una boa y pensaron que era un sombrero. No es fácil expresarse con propiedad y menos cuando lo que queremos comunicar es elevado, espiritual y fruto de una experiencia profunda.

En el regalo que Jorge nos ofrece en estas páginas se dan la mano el sentimiento íntimo del alma con la expresión verbal y literaria. Más bien diría que la buena conjugación de palabras dejan entrever el paisaje espiritual que enriquece su alma. Algo parecido nos ocurre cuando nos ha sorprendido un chubasco a media calle. Lamentamos nuestra ropa mojada, pero al contemplar el arco iris, detenemos nuestra marcha y queremos meter en nuestra pupila todo el cielo. Nos alegramos y luego preguntamos a cuantos encontramos si no vieron también el arco iris. No es mera coincidencia que Jorge sea dirigente de cursillis-tas y que su saludo y despedida sea el decir: DE COLORES.

Este manojo de artículos, nos entregan el gozo del hijo que en un tiempo caminó lejos de la casa de su Padre, pero al fin se sabe bien recibido en su hogar y alza la voz para expresar la dicha que llena su alma. No es fácil comunicar lo íntimo, pero las evidencias del amor divino y cercano de Dios, de su Hijo Jesucristo nos las entrega en una frase como ésta: “Me llega tu olor a través del perfume de una flor y empiezo a soñar… sueño despierto en el que me retiras del mundo y me llevas a tu presencia para continuar nuestro maravilloso diálogo de amor.”

Auguro a este libro que ha llegado a sus manos una bienvenida como la que se da a un nuevo amigo recién encontrado. Por mi parte, agradezco a Jorge el privilegio de prologar esta primera edición. Tengo la seguridad de que la lectura serena de estas páginas les acercarán más al Dios bueno y paternal que Jorge vive y entrega en su amistad.

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